Verónica Vázquez
Mexico City, Ciudad de México
Verónica Vázquez
hace 4 meses
Frustración al trabajar con perros: una emoción que también educa.

Sentir frustración al trabajar con perros no es una señal de debilidad. Es una experiencia humana, legítima, y —si la escuchamos con atención— puede convertirse en una herramienta de aprendizaje y conexión.
En este artículo quiero compartir una reflexión sobre cómo las emociones también educan: a los perros, y a nosotros.
Como bióloga y entrenadora canina, he aprendido que nuestras emociones forman parte del proceso educativo. No solo enseñamos a los perros a comunicarse con mayor claridad: también aprendemos a comprendernos mejor a nosotras mismas.
Cuando la emoción se hace presente en el entrenamiento.
Trabajar con conductas desafiantes —como la reactividad hacia personas u otros perros— requiere paciencia, constancia y manejo del entorno. En contextos urbanos, donde los estímulos son constantes, mantener la calma no siempre es fácil.
El entrenamiento ideal se desarrolla en ambientes controlados, con recursos y tiempo. Sin embargo, la vida real no siempre ofrece esas condiciones. Y es justo ahí donde las emociones surgen con fuerza: frustración, cansancio, culpa… todas ellas comprensibles, pero también transformables.
Lo que he aprendido y aplico hoy.
Con el tiempo, he aprendido a integrar mis emociones como parte del proceso educativo. Estos son algunos principios que hoy aplico en mi trabajo diario:
- Comprender antes de corregir.
En lugar de etiquetar la conducta, pregunto qué necesidad o emoción hay detrás. - Validar mis emociones.
Sentir frustración no me hace menos profesional; me recuerda que necesito espacio, apoyo o descanso. - Reflexionar antes de actuar.
Pensar y sentir antes de intervenir me permite diseñar planes más éticos y efectivos. - Cuidarme para cuidar.
Si estoy bien, puedo ofrecer calma, empatía y estructura al perro y a su familia.
Y todo esto me ha llevado a una conclusión sencilla pero profunda: cuidar nuestras emociones también es parte del entrenamiento.
Educar también es cuidar.
La educación canina no se trata solo de modificar conductas: se trata de construir vínculos más empáticos y conscientes.
Cuando reconocemos lo que sentimos, aprendemos a comunicarnos mejor, a ofrecer bienestar real y a sostener procesos más humanos.
Si trabajas con perros —o convives con uno que te reta cada día— recuerda esto: sentir también es aprender.
Y cuidar de ti es la mejor forma de cuidar de ellos.
¿Te ha pasado algo parecido?
Me encantaría conocer tus experiencias.
¿Cómo manejas tus emociones cuando el proceso con un perro se vuelve desafiante?
Recursos recomendados:
(No sustituyen acompañamiento terapéutico, pero pueden ser un punto de partida útil.)
La ciencia del vínculo – Jaak Panksepp
Podcast The Bitey End of the Dog – Michael Shikashio
Artículo “Burnout en entrenadores de perros” – IAABC Journal
Sobre mí:
Soy Verónica Vázquez, bióloga con formación en comportamiento y bienestar animal.
Acompaño a tutores y profesionales del entrenamiento a construir relaciones basadas en empatía, ciencia y comunicación efectiva.
📍 Ofrezco entrenamiento presencial en CDMX y asesorías en línea.
0 me gusta · 0 comentarios
Portafolio y ServiciosVerónica Vázquez
hace 4 meses


