La biblioteca como espacio de transformación socioeducativa
El corazón de la escuela, la biblioteca es un espacio de aprendizaje e intercambio de experiencias sobre la función educativa, entendidas como un punto de encuentro fundamental que garantiza el acceso a los derechos educativos y culturales de la comunidad educativa, sumamos el derecho a la expresión oral y escrita, a la participación y a la recreación del mismo espacio.
Enfrentando múltiples retos históricos como la posguerra, las nuevas tecnologías y su forma de entretenimiento que parecen imponerse rápidamente con mediaciones cada vez más artificiales con el predominio de la imagen, pero sobre todo, falta de presencia de la lectura desde una corta edad; con todo ello parece confirmarse la disminución de la práctica lectora a excepción de la minoría, la alta tasa de analfabetos junto con una elevada población de escolaridad que no rebasa el nivel básico de lectura y comprensión en nuestro país, siendo el penúltimo puesto (107) en una lista de 108 países con el hábito de la lectura, de acuerdo con la Unesco.
Bajo este panorama, la problemática de la lectura, como decíamos, se convierte en objeto de estudio ubicado en el marco de un cambio epistemológico de las ciencias sociales y las humanidades, que desde luego atañen a los bibliotecólogos, docentes e investigadores por atender los objetos y las prácticas lectoras de nuestro país.
Está claro que no podemos escapar de las consecuencias históricas con respecto al hábito de la lectura, aún más claro está, que, nosotros somos responsables de ser un mediador entre el ser humano y su registro gráfico, donde la escritura e interpretación se sitúa en el punto en que el hombre y el libro se cruzan en una fructífera experiencia intelectual. Es también un compromiso por la promoción y mediación de la lectura en todos aquellos lugares de vida y aprendizaje de la sociedad, defendiendo el derecho al acceso a la educación digna y completa como un derecho irrenunciable al que también existen amenazas como la desinformación, la contraprestación económica, la censura o la precariedad. Junto a las funciones tradicionales como las innovadoras para difundir y fomentar el acceso a la información, a la poesía, a la filosofía, a la ciencias y humanidades, a los cuentos, a la crítica con sentido, y aun sin fin de ideas estructuradas y con propósito. Por todo esto, debemos seguir afrontando nuevos retos, configurando espacios inclusivos, de creación y participación ciudadana, y comprometidos a crear espacios de transformación socioeducativa, la biblioteca.

Comentarios