sebastian martinez

hace 3 meses · 2 min. de lectura · visibility ~10 ·

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Sueños de Cine

Los  ochenta fueron los mejores años de mi vida. En esa época era muy joven y amaba sobre todas las cosas el cine. Asistía a los cineclubs y a la Cineteca Nacional a descubrir películas de grandes directores que llenaban mi vida de sueños y esperanza. Había toda clase de personajes, desde los cinefilos solitarios como yo, pasando por los hipsters de ese tiempo y hasta llegar a los intelectualoides progre. Recuerdo un día en la Cineteca en que después de ver una película, salí a comer en el restaurante del lugar que se encontraba en un patio. Me senté en una mesita con un paraguas enorme que me protegía de la lluvia. Una chica se me acercó y me pidió sentarse a mi mesa porque no había espacio en otro sitio. La había visto antes, en las salas de cine que frecuentaba. Iniciamos una conversación que se prolongó por horas. Desde ese día dejamos de ser cinefilos solitarios para convertirnos en cinéfilos acompañados. Lo compartíamos todo. Recuerdo pláticas sobre cine, literatura,filosofía que llegaban al amanecer. Éramos muy parecidos y creo que la razón por la que no fuimos más que amigos, es porque hay seres que cuando se miran al espejo, se asustan con su reflejo. Todo esto ocurría mientras el país se desplomaba. Los estacionamientos de los bancos estaban llenos de autos que sus dueños habían regresado porque los precios se triplicaron. El gobierno le aumentó en varios ceros a la moneda. Hasta hoy eso es algo que odio. Cuando un país le aumenta ceros a la moneda es porque algo va mal.
Fernanda fue la primera feminista que conocí y estoy hablando de los años ochenta. Me habló de Helen reedy, de Lennon y aquella canción que decía: “las mujeres son las negras del mundo, si no me crees, voltea a ver a la mujer con la que vives”. Yo cambié mi visión sobre las mujeres por Fernanda. Era hijo único y mis padres se llevaban bien, no era consciente de cómo eran tratadas las mujeres. La amistad con mi amiga se convirtió en hermandad y luego, súbitamente acabó cuando se fue a Inglaterra a estudiar una maestría. Y luego ocurrió la tragedia... Llegaron los años noventa. Dejé mi trabajo como actor para convertirme en burócrata. Usaba traje me corte el pelo y aunque mis aficiones eran las mismas, no el ambiente. Recuerdo que un día mi jefe hizo un mal comentario de Kafka, diciendo que no le encontraba chiste a un relato en el que el personaje se convertía en insecto. Recuerdo que le contesté lo siguiente: Creo que no entendió el relato. Es una metáfora sobre el burócrata. Después de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa, quiere salir de su casa, tomar el tren de las seis y llegar temprano a su trabajo... es la mejor historia sobre la burocracia.
Mi jefe arqueó las cejas, me dio la espalda y volvió a meterse a su oficina a continuar con su metamorfosis

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Ahora que se acerca mi jubilación, sigo teniendo las mismas aficiones, pero algo perdí que se quedó en los ochenta y que aún no puedo recuperar.

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